Puente

El colectivo nos dejó sobre General Paz, a pocos metros del puente peatonal que baja a Rivadavia. La bajada del puente consta de tres rampas de unos quince metros de largo. Los descansos, entre rampa y rampa, trazan un codo en forma de “u” por el que los peatones giran ciento ochenta grados para seguir la cuesta siguiente en dirección opuesta a la anterior.

Primera rampa

Habíamos bajado del colectivo juntos y yo la seguía, sobre la primera rampa, a un metro de distancia.

– Un metro es muy poco -, pensé. Necesitaba una distancia algo mayor, dos metros, para que el giro que ella hiciera al comenzar la segunda rampa me encuentre a mí aún en la primera. Así, sus primeros pasos por el segundo tramo del puente coincidirían con el final de mi camino por el primero y estaríamos, por pocos segundos, frente a frente. Hice mi paso más lento y dejé que me aventajara.

- Permiso - dijo la voz impaciente del que me seguía en la fila.

Simulé no haberlo escuchado y me mantuve firme en medio del camino, sin dejar paso por mis costados.

- Permiso - insistió, ahora con la mano apoyada sobre mi hombro. Me di vuelta y lo miré con reprobación. Me hizo a un lado, pasó por mi izquierda y en el primer codo, entre rampa y rampa, empujó a mi perseguida y la aventajó también. Ella hizo un gesto de fastidio con los labios y giró con la vista clavada en el piso.

Segunda rampa

Con paso más seguro y decidido a enfrentar con más audacia el segundo codo volví a ponerme a dos metros (la distancia ideal) de ella.

- ¿Vos subiste conmigo en Saavedra?- podría decirle con soltura y aprovechar los hilos que se desprendieran de su respuesta para anudarlos en una primera charla trivial. Sí, algún comentario intrascendente, pero frente a frente, en el codo en forma de “u”.

Con paso algo más ligero, encaró el segundo descanso, entre la segunda rampa y la última. Yo alargué mis pasos y me mantuve a sus espaldas. Se metió en el rulo y lo resolvió con elegancia en unas pocas décimas de segundos, con la vista ahora clavada en el final del puente, sobre Rivadavia. No dejó ni una grieta donde yo pudiera meter mi pregunta estúpida.

Tercera rampa

Se adelantó. Yo caminé más lento y metí la mano en el bolsillo buscando monedas para el 96 mientras la veía bajar el último tramo del puente. Se ajustó la bufanda y apuró el paso. El gorro de lana le tapaba las orejas y los guantes negros remataban su perfecto tono invernal.

Abajo la esperaba, de frente, el tipo que siempre, siempre, llega antes.

3 comentarios:

rivito dijo...

los colectivos que te dejan en el puente son un buen plato para exploraciones...

no para enamorarse

leticia dijo...

y pensar que yo me creo tímida...

para la próxima tirá un tema de conversa en el bondi,algo que de para largo, "la general paz", ponele.

a ver si activás más seguido este temita del bló.

ventarrón dijo...

Volvimos para quedarnos...