Malevos que ya no son


Por las mismas razones por las que los desencuentros amorosos resultan más poéticos que los romances bienaventurados, los malevos en el tango están predestinados al infortunio.

El primer caso es ya una verdad de pedregullo. La canción “qué bien me llevo con mi novia” es pobre, previsible y empalagosa. Tal es el caso de aquel que ha caído por primera vez en un enamoramiento y, a causa de tal estado, la gente en la calle le parece más buena: “La felicidad que me dio tu amor hoy hace cantar a mi corazón” no parecen los versos más logrados de la poesía contemporánea. Por el contrario, los desengaños, la desesperación y la angustia han sido mucho más generosos con la inspiración artística.

Claro que este ejemplo no es prueba suficiente de nada. Es evidente que si Evangelina Salazar abandonara a Palito en medio de adulterios y humillaciones, el ex gobernador de Tucumán no escribiría nada muy distinto a la constante que atraviesa su obra (podría ser algo así como “La tribulación que me dio tu partida hoy hace llorar a mi corazón”, versos que serían acompañados por alguna referencia a lo mezquina que le parece al autor la misma gente que otrora le parecía más generosa). Es decir, en este caso, la pobreza de la prosa no depende de la presencia del éxito o el fracaso como tópicos de la canción sino en la ausencia de talento en el compositor.

Aún así, la derrota ha estado siempre por encima del triunfo en la creación artística. No vamos a hacer un listado exhaustivo, pero a este escriba lo conmueve más Garúa que cualquier pelandrún que lleva a su novia a pasear al jardín japonés.

Lo mismo sucede en los arrabales. La guapeza, lejos de ser condición eterna de quien la detenta, es siempre perecedera. El maleante está invariablemente sentenciado a una derrota que puede adoptar diferentes formas: la pérdida del valor, la humillación frente a los pares, la cárcel o la muerte.

En Malevaje, el pendenciero que se ve “perdiendo el cartel de guapo que ayer brillaba en la acción” por los favores de una dama termina confesando: “Ayer, de miedo a matar en vez de pelear me puse a correr” y remata “si yo que nunca aflojé de noche angustiao’ me pongo a llorar”.

El mismo Ventarrón, “el malevo mentado del hampa”, “el más taura entre todos los tauras”, deja Pompeya y durante largos años va gastando sus guapezas para volver “sólo triste y casi enfermo, con sus derrotas mordiéndole el alma” a buscar la fama que otro ya conquistó.

El Tigre Millán es quizás uno de los casos más patéticos: “Mala suerte, pobre Tigre, siempre tuvo en cuestiones de escolasos y de amor”. El desdichado no solamente no fue beneficiado por la creencia popular (que sugiere que la suerte en el juego mantiene una relación inversamente proporcional a la fortuna en el amor, de manera que todo el mundo goce de cierta dicha en uno u otro rubro) sino que, al final, lo terminan haciendo boleta por la traición de su cortejada.

La desdicha de aquel que fue y ya no es se impone como musa privilegiada en los relatos sobre la bravura. Tal como sucede con el amante frustrado frente al que camina de la mano de su pretendida, la imagen del compadrito llorando es mucho más perturbante que cualquier otario vociferando que es el más rudo de su barrio.

El problema es que uno puede andar fracasando indefinidamente en sus amores y en sus duelos a cuchillo y nunca escribir cuatro líneas respetables. Así como uno puede clavarse un LSD todas las mañanas y nunca componer Sargent Pepper’s. Suponer lo contrario (es decir, que el fiasco garantiza la creación) es ciertamente peligroso. Ahí andan tipos con pretensiones artísticas intentando conquistar amores imposibles para luego hacerse abandonar, tajeando dos o tres maulas en los suburbios para ganarse el mote de malevo y autodenunciarse a la cana o quemándose la cabeza con drogas alucinógenas.

Al menos podemos especular con que Discépolo hubiera renunciado a escribir Chorra a cambio de los encantos de la hija del guerrero malandrín y estafador.

6 comentarios:

Carolina :: una secretaria insurrecta dijo...

Y pensar que hace diez años
fue mi locura!
que llegué hasta la traición
por su hermosura!...
que esto que hoy es un cascajo
fue la dulce metedura
donde yo perdí el honor;
Que chiflao por su belleza
le quité el pan a la vieja
me hice ruin y pechador...
Que quedé sin un amigo
que viví de mala fe
que me tuvo de rodillas
sin moral, hecho un mendigo,
cuando se fue.
ESD::

Tampoco sé si Discépolo hubiera renunciado a emborracharse esa noche...pero sí sé que hay otarios que se la dan de guapos entonando estos versos y venderían hasta su vieja por un par de patas cortas.

tiya dijo...

Oy oy oy, amorosísimos dibujos embellecen tu obra.

Tengo poquísima autoridad para comentarte sobre este tema. Sé que el tango tiene temáticas puntuales relacionadas al sentir, los modos y costumbres de de la época en que fueron creadas. En especial asociadas a estereotipos sociales de las mujeres y los hombres.

Lo que se me ocurre es que es muy difícil hacer poesía cuando uno es feliz y hasta puede sonar egoísta. En cambio, es mucho más profundo y conmovedor escuchar a alguien lamentándose, sufriendo, llorando por el /la que la/lo abandonó.
Y solemos identificarnos con ese tipo de sentimiento más que con la prosa boba de un corazón contento lleno de alegría.
Hasta los hombres más exitosos con las mujeres suelen construir su imagen como víctimas, losers, noctámbulos sufrientes, pero porque es más cool.
Chaucito.

Angelita dijo...

Y, es así no más...
A continuación transcribo el estribillo de algunos de mis tangos preferidos:

LLAMARADA PASIONAL
"¡Llamarada!...
Es sentir desde las sombras
Esa voz que a mí me nombra,
Que la busco y que no está.
¡Llamarada!...
Es sentir sobre mi boca
Todo el fuego de tu boca,
Que me quema y que se va...
¡Llamarada!...
Es oírla que me nombra
Y es correr tras una sombra,
¡Imposible de alcanzar!..."

Y TODAVIA TE QUIERO
Por que,
si mentis una vez,
si mentis otra vez
y volves a mentir?
Por que
yo te vuelvo a abrazar,
yo te vuelvo a besar
aunque me hagas sufrir?
Yo se
que es tu amor una herida,
que es la cruz de mi vida,
y mi perdicion...
Por que
me atormento por vos
y mi angustia por vos
es peor cada vez?...
Y por que
con el alma en pedazos,
me abrazo a tus brazos,
si no me queres?

O algunos versos tristes de "NUNCA TUVO NOVIO "
"Pobre solterona, te has quedado
sin ilusión, sin fé...
En la soledad
de tu pieza de soltera está el dolor...
Nunca tuvo novio, pobrecita,
porque el amor no fue
a su rincón de humilde muchachita,
a reanimar las flores de sus años..."

Y tantos más...

Ventarrón te dejo esta dirección para que puedas disfrutar de "MALEVAJE", ya que el caso lo amerita.
http://www.youtube.com/watch?v=4dKFcyTPDxk

Nina Rivero dijo...

Tu escrito me recordó un cuento de Castillo. No sé si la cita se ajustará a tu hipótesis pero sé que vale la pena leerla:

“El oficio de guapo es un oficio como cualquier otro. El coraje, ahora lo sé, tiene la paciencia larga; necesita práctica. Hay que adiestrase en la mano torva, ladina, en el gesto pausado, en el áspero monosílabo hecho de la ambigüedad y amenaza para llegar con exactitud, si la Virgen lo permite (porque la destreza de la mano depende, en la mitad de los casos, de un secreto favor suyo), para llegar, repito, a la decisiva matemática de dos puñaladas en un boliche o un patio.”

Volvedor, Abelardo Castillo

Andrés Ruiz dijo...

EYYYYY
Cómo andás Chabón...tanto tiempo, que grata sorpresa...che muy bueno el Blog...recién lo veo, pero lo voy a leer bien y después te comento algo más apropiado...
qué es de tu vida...? terminaste la carrera, te casaste, etc...

un gran abrazo y estamos en contacto.

andrés.

Emerson dijo...

Es lindo mirar, desde tan lejos
que algunos comparten berretines
de oscuros y brumosos cafetines
poblados de mireyas y malevos
.
Y también es lindo que una mina
se meta en este rollo muy tanguero
y por no aparentar muy pijotero
te dejo estos dos besos, Carolina